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Autor: Hermana Maritza Peralta
Fecha: 31/07/2010
¡Viva Chile!

Seis meses después del terremoto que asoló varias regiones de Chile y que afectó a 13 millones de habitantes, cerca del 80% de la población del país, Hermana Maritza Peralta nos relata como ha sido la experiencia vivida.

 

“El día 17 de febrero de 2010 un terremoto sacudió a Chile, según los expertos “unas 50 veces más grande que el terremoto que golpeó a Haití a comienzos de año”.  Cualquier movimiento por encima de 8 grados es lo que llamamos un gran terremoto...

 

...Además es considerado como el segundo más fuerte en la historia del país y uno de los 5 más fuertes registrados por la humanidad. Las consecuencias, gracias a Dios, no fueron las previstas para una catástrofe de tal magnitud debido a la preparación que el pueblo chileno tiene, por vivir en lo que se llama el cinturón de fuego. Las víctimas y los destrozos pudieron ser mayores... pero cuesta caminar por las calles, las ciudades y ver in situ el escenario del suceso: los estragos, el dolor y sufrimiento son palpables, los relatos de los afectados estremecen.

 

Es cierto que los medios hablaban de saqueos y desórdenes posteriores al terremoto, pero también es cierto que no hubo ni hay chileno que no se haya comprometido de alguna manera en esta gran campaña de solidaridad. “Chile ayuda a Chile” era, es el slogan y a la vez la invitación a dar lo mejor de cada uno. “Dar hasta que duela” es la enseñanza de San Alberto Hurtado que los chilenos hemos ido entendiendo y asimilando a lo largo de los años y del sufrimiento que hemos tenido.

 

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana solo tenemos una comunidad en Chile, en Santiago donde trabajamos con los Hermanos de San Juan de Dios, en el centro psiquiátrico Clínica del Carmen, y unidos a ellos y a los colaboradores del centro también pudimos unirnos a esta gran cruzada de solidaridad. El destino señalado fueron pequeños poblados de la Sexta Región, en donde la ayuda era más difícil que llegara. Las jornadas fueron largas, cansadas, después de un viaje de tres hora había que descargar los vehículos, organizar grupos de trabajo y llevara ayuda, alimentos, ropa etc que previamente había sido recolectada.

 

El compromiso y entrega de los que formaron los tres grupos de apoyo, que continúan esta tarea hasta la fecha, se ha hecho manifiesto. El retornar cansados y sabiendo que esperaba al día siguiente una jornada laboral normal no quitaba la alegría de saber que habíamos hecho parte de una gran cadena de solidaridad.

 

Es consolador pensar que le terremoto generó otro mayor: “el terremoto de la solidaridad”, y me atrevo a decir que éste afectó no solo a parte de la población sino a Chile entero. Tenemos la esperanza de que, en muy poco tiempo, con la ayuda de todos y el interés del gobierno, Chile volverá a ser lo que era antes de este triste suceso y habrá fortalecido, además, sus vínculos fraternos y patrióticos.”Seis meses después del terremoto que asoló varias regiones de Chile y que afectó a 13 millones de habitantes, cerca del 80% de la población del país, Hermana Maritza Peralte nos relata como ha sido la experiencia vivida.

 

“El día 17 de febrero de 2010 un terremoto sacudió a Chile, según los expertos “unas 50 veces más grande que el terremoto que golpeó a Haití a comienzos de año”.  Cualquier movimiento por encima de 8 grados es lo que llamamos un gran terremoto. Además es considerado como el segundo más fuerte en la historia del país y uno de los 5 más fuertes registrados por la humanidad. Las consecuencias, gracias a Dios, no fueron las previstas para una catástrofe de tal magnitud debido a la preparación que el pueblo chileno tiene, por vivir en lo que se llama el cinturón de fuego. Las víctimas y los destrozos pudieron ser mayores... pero cuesta caminar por las calles, las ciudades y ver in situ el escenario del suceso: los estragos, el dolor y sufrimiento son palpables, los relatos de los afectados estremecen.

 

Es cierto que los medios hablaban de saqueos y desórdenes posteriores al terremoto, pero también es cierto que no hubo ni hay chileno que no se haya comprometido de alguna manera en esta gran campaña de solidaridad. “Chile ayuda a Chile” era, es el slogan y a la vez la invitación a dar lo mejor de cada uno. “Dar hasta que duela” es la enseñanza de San Alberto Hurtado que los chilenos hemos ido entendiendo y asimilando a lo largo de los años y del sufrimiento que hemos tenido.

 

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana solo tenemos una comunidad en Chile, en Santiago donde trabajamos con los Hermanos de San Juan de Dios, en el centro psiquiátrico Clínica del Carmen, y unidos a ellos y a los colaboradores del centro también pudimos unirnos a esta gran cruzada de solidaridad. El destino señalado fueron pequeños poblados de la Sexta Región, en donde la ayuda era más difícil que llegara. Las jornadas fueron largas, cansadas, después de un viaje de tres hora había que descargar los vehículos, organizar grupos de trabajo y llevara ayuda, alimentos, ropa etc que previamente había sido recolectada.

 

El compromiso y entrega de los que formaron los tres grupos de apoyo, que continúan esta tarea hasta la fecha, se ha hecho manifiesto. El retornar cansados y sabiendo que esperaba al día siguiente una jornada laboral normal no quitaba la alegría de saber que habíamos hecho parte de una gran cadena de solidaridad.

 

Es consolador pensar que le terremoto generó otro mayor: “el terremoto de la solidaridad”, y me atrevo a decir que éste afectó no solo a parte de la población sino a Chile entero. Tenemos la esperanza de que, en muy poco tiempo, con la ayuda de todos y el interés del gobierno, Chile volverá a ser lo que era antes de este triste suceso y habrá fortalecido, además, sus vínculos fraternos y patrióticos.”
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